“No era acidez estomacal, era un infarto al miocardio”: la llamada de atención de un sobreviviente

GRAND RAPIDS, MI, 2 de octubre del 2025 — En marzo, una cena familiar habitual se convirtió en un momento que cambió la vida de un residente de Grand Rapids, Míchigan. Después de probar un platillo más picante de lo habitual en un restaurante mexicano local, Matt Wezeman comenzó a sentir lo que parecía una acidez estomacal intensa. La incomodidad se instaló rápidamente y, al final de la noche, Matt se retiró temprano, con la idea de que una buena noche de sueño lo ayudaría.

Pero el dolor no cesó.

Durante los siguientes siete días, las molestias en el pecho persistieron, acompañadas de fatiga extrema, un dolor inusual en la mandíbula y una sensación general de que algo no estaba bien. Aun así, no le dio importancia y se convenció a sí mismo de que se trataba de una indigestión o quizás solo de gases. En un momento determinado, el dolor se intensificó tanto que Matt se encontró tirado en el suelo de su oficina, esperando a que pasara.

El viernes por la mañana, incluso conducir se le hacía difícil. En lugar de ir al trabajo, Matt tomó una decisión en una fracción de segundo que, en última instancia, le salvaría la vida: se dirigió a la sala de urgencias.

Fue entonces cuando se descubrió la verdad.

No era acidez estomacal. Era un infarto al miocardio.

Los médicos descubrieron múltiples obstrucciones y, en cuestión de horas, Matt se sometió a una cirugía de emergencia para implantarle un stent. Ese mismo procedimiento, que ha salvado innumerables vidas desde que se realizó por primera vez en 1986, fue posible, en parte, gracias a la investigación financiada por la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón).

Despertar de la cirugía fue un gran impacto. Era una persona que corría ultramaratones, realizaba senderismo con regularidad y seguía una dieta saludable. Pero, como le recordó amablemente su cardiólogo, a veces la genética puede prevalecer incluso sobre los hábitos de vida más saludables.

“Crecí en una generación en la que nos enseñaban a 'aguantar' e ignorar el dolor”, reflexionó Wezeman más tarde. “Pero esa mentalidad casi me cuesta la vida”.

Su mensaje ahora es sencillo, pero urgente: escuche a su cuerpo. El dolor en el pecho, la fatiga y las molestias, especialmente cuando son persistentes, no son síntomas que se deban ignorar. Son señales de que hay que actuar.

Matt ahora utiliza su voz para animar a otros a programar su revisión médica anual, reconocer los signos de alerta de las enfermedades cardíacas y no dejar que el orgullo o la duda les impida buscar ayuda.

“Ignoré los signos de un infarto al miocardio durante una semana entera”, dijo Wezeman. “Tengo una suerte increíble de estar aquí para contarles esta historia. Les ruego que no esperen como lo hice yo”.


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La American Heart Association es una fuerza incansable para un mundo de vidas más largas y saludables. La organización ha sido una fuente líder de información sobre salud durante más de cien años y su objetivo es garantizar la equidad en la salud en todas las comunidades. Con el apoyo de más de 35 millones de voluntarios en todo el mundo, financiamos investigaciones vanguardistas, defendemos la salud pública y proporcionamos recursos fundamentales para salvar y mejorar vidas afectadas por enfermedades cardiovasculares y ataques o derrames cerebrales. Trabajamos incansablemente para hacer avanzar la salud y transformar vidas cada día mediante el impulso de avances y la implementación de soluciones comprobadas en las áreas de ciencia, políticas y cuidados. Comuníquese con nosotros en heart.org (sitio web en inglés), FacebookX, o llame al 1-800-AHA-USA1.   
 

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